28 dic. 2009

desde lo más profundo del corazón



Basta un simple soplo para que tu vida se derrumbe como un castillo de naipes y, a veces, ni siquiera eres tú quien ha soplado.
Pero no hay que allanar los baches del sendero que hemos recorrido, sino del que nos queda por recorrer. Porque cada nuevo día se construye con lo que vamos encontrando al caminar.
Y aunque te asuste no saber lo que te espera tras la próxima curva, tienes que tomarla para avanzar.
Por eso es mejor confiar en alguien que comparta tu viaje y sepa perdonarte cuando has elegido un camino mal asfaltado.
Y si alguna vez te pasas de la salida marcada en el mapa, tendrás que elegir entre volver al pasado o seguir hacia un nuevo destino.
Mas ten en cuenta que cada paso imprime una huella, hay que afrontarlo. Porque hijo mío, nuestras vidas discurren por sendas en las que se abren destinos a cada centímetro...





- ¿Sabes qué es lo contrario del amor?
- No sé, supongo que el odio.
- No, el miedo. Lo contrario del amor es el miedo.

2 comentarios:

Mirna dijo...

Dicen que los senderos que parecen más complicados son los que menos terminan siéndolo, pero no creo que sea siempre así.
Podrías atravesar cien rectas sencillas donde ves el final delante en vez de un callejón retorcido, pero ¿Dónde está esa intriga tan incitante que es la curiosidad? ¿Y el premio desconocido que hay al final de ella?

A veces es mejor no ver el final por si es algo que te disgusta o que te da miedo, por miedo a volver atrás, qeu es algo que nunca se debe hacer...
Desde Marte
Mirna

Anónimo dijo...

¿Un quelonio podría convivir con un mamífero cuadrúpedo? Juntemos entonces a una tortuga de Florida y a un lobo ibérico, que no esté muy asalvajado claro. Pongamos a ambos en lo más alto de una montaña y hagámoslos descender. el lobo se tendrá que acostumbrar a la velocidad de la tortuga, la tortuga deberá hacer lo propio con el instinto del lobo.

¿Lo conseguirán?

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