
Feginn fann ég þar
Þökkum ákaflega
Í skjóli neyðarhúss
Og við sváfum
Stórviðri ofsaði út
Viviremos juntos, por fin, siempre y hasta el fin. #J.2812
a.bmp)
Basta un simple soplo para que tu vida se derrumbe como un castillo de naipes y, a veces, ni siquiera eres tú quien ha soplado.
Pero no hay que allanar los baches del sendero que hemos recorrido, sino del que nos queda por recorrer. Porque cada nuevo día se construye con lo que vamos encontrando al caminar.
Y aunque te asuste no saber lo que te espera tras la próxima curva, tienes que tomarla para avanzar.
Por eso es mejor confiar en alguien que comparta tu viaje y sepa perdonarte cuando has elegido un camino mal asfaltado.
Y si alguna vez te pasas de la salida marcada en el mapa, tendrás que elegir entre volver al pasado o seguir hacia un nuevo destino.
Mas ten en cuenta que cada paso imprime una huella, hay que afrontarlo. Porque hijo mío, nuestras vidas discurren por sendas en las que se abren destinos a cada centímetro...

Agua. El agua pura, cristalina, vital y esencial para la vida. Desierto. Miles de kilómetros de arena, sequedad y ausencia de agua. Miles de kilómetros que penden de un hilo entre la vida y la muerte. Miles de kilómetros que te hacen cuestionar todo, comer lo que sea y beber tu propia orina. Llevo ya 5 días intentando salir de este infierno, pero tanto al norte o sur, este u oeste, sólo hay arena. Esa clase de arena que la coges con las manos y escapa hacia abajo como si no pudieras impedírselo a la gravedad.Andando ya de rodillas y sin apenas fuerzas, conseguí que mis orejas se fijaran en algo y conseguí distinguir un sonido distinto, algo diferente al cascabel de la serpiente, que llevaba días acechándome. Era una voz. Una dulce voz femenina. Aquella voz me cautivaba como si fuera el canto de una sirena, y me enamoraba. Aquella voz fue diciéndome cosas y finalmente me llevo hacia un oasis. Quizás deliraba. Aquella aparición, me salvó la vida sin duda. Si no hubiera bebido agua, habría muerto.
¿A quién atribuirle el mérito?¿A quién darle las gracias?
Aquella misma tarde llegué a una ciudad. La primera ciudad, después de aquél duro y farragoso desierto. Tenía hambre, sed y sueño. No podía dar ni un paso más y a las puertas de la ciudad me caí y perdí el conocimiento. Me desperté en una ligera cama, compuesta por sabanas de lino. Una mujer se dirigió a mi y me preguntó sobre mi estado. Aquella mujer la conocía. Me sonaba muchísimo. Y pronto comprendí: aquella mujer era la que me había guiado hacía el oasis. Ella se tumbó hacia mí y me susurró a la oreja: Soy tu ángel.





